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Ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.
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Una producción de Rojas Ciudad

Las Alegres Comadres de Rojas: el doctor rasposo y su pitito de oro

Claudia y Cristina, dos vecinas de Rojas que además son comadres, ya que ambas son madrinas de los hijos de la otra, son dos chismosas que se cuentan a diario todo tipo de cosas, mientras barren la vereda, hablan de todos los dimes y diretes que ocurren cotidianamente en nuestra sociedad.
Las Alegres Comadres de Rojas. (Dibujo: Rojas Ciudad)

Claudia y Cristina, dos vecinas de Rojas que además son comadres, ya que ambas son madrinas de los hijos de la otra, son dos chismosas que se cuentan a diario todo tipo de cosas, mientras barren la vereda, hablan de todos los dimes y diretes que ocurren cotidianamente en nuestra sociedad.

-Buen día, doña Claudia, el clima está loco, un día calor, un día frío, una ya no sabe que ropa ponerse…

- Buen día, ña Cristina, por más que haga frío o calor, algunos viven todo el año calientes.

- Ya sé por quién lo dice, Claudia. Seguramente usted habla del hombre fuerte de Salud de Rojas, el doctor rasposo, alias “pitito de oro”, ya que para el muchacho, cualquier agujero es poncho para meter la cabeza.

- Así es, Cristina. Calladito calladito, rasposo se llevó de vacaciones a Europa, a su amante, la masajista, la que de tanto mirarla casi la ojea. Me imagino que le habrán dado bomba y bomba entre descanso y descanso…

- Ay, Claudia, me hace poner colorada como testículo de ciclista. Tuvo que elegir a la masajista para vacacionar, porque su otra amante, la psicóloga, es casada, y hubiera sido demasiado evidente.

- Claro, Cristina, mientras el marido de la psicóloga le da al palito ya a las bolitas de billar, esta piba la da al palito y a las bolitas del doctor, jajaja.

- Y, rasposo sabe mucho de cuernos. Recuerde, Claudia, que su ex lo engañaba duro y parejo con el muchacho del azzar, en plena campaña peronista. Pobre rasposo, le decían “vaca cruzando el río”, lo único que se le veían eran los cuernos.

- Pero ahora se reivindica el muchacho, Cristina. Le da a la masajista, a la psicóloga y quien sabe a cuántas más. Aprende del Supremo, y es más, creo que lo supera.

-Y pensar que mi marido hace años que no me toca, comadre Claudia. Si rasposo y su pitito de oro me dieran bola, al viejo lo abandono, le juro.

- Ay, Cristina, usted cada día más picarona. La dejo, me voy a regar las plantitas. Hasta luego, amiga.

- Hasta luego, comadre Claudia…

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