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Ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.
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Deporte-ciencia

Escuela Municipal de Ajedrez en Newbery

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Preparando el próximo año de enseñanza, Diego Santos nos comenta los logros obtenidos ya por la escuelita de ajedrez.

Desde mi corta pero intensa experiencia acumulada en la enseñanza del ajedrez a niños en la escuela municipal de Rojas, me he animado a escribir el presente artículo, cuyo propósito es, por un lado, exponer algunas observaciones interesantes sobre cómo los niños se introducen en el maravilloso mundo del ajedrez y, por otro, hacer un breve repaso de lo mucho escrito sobre las vertientes del ajedrez y sus beneficios.

Entiéndase aquí por “vertientes” todos los ámbitos donde el ajedrez extiende sus potencialidades: aparte de los tradicionales y más conocidos del ocio y el deportivo, el educativo, el social y el de la salud mental. No es mucho el tiempo que llevan aprendiendo los niños a los que doy clases de iniciación al ajedrez en la Escuela Municipal de Ajedrez en la división Jorge Newbery. Las tres escuelas han tenido su inicio hace relativamente pocos años (Centro Español, Club Sportivo y Jorge Newbery), y cada una de ellas reúne a varios alumnos, con edades comprendidas entre 7 y 40 años, que asisten a clases de ajedrez una hora a la semana.

Reconozco que al principio tenía miedo de fracasar ante el reto de desempeñar una actividad docente en la que no tenía ningún tipo de experiencia. Sin embargo, y a pesar de su complejidad, el oficio de enseñar a niños hasta ahora me ha producido más satisfacciones que decepciones. Aparte de que a día de hoy siguen todos los niños que empezaron, una de las cosas que más me ha asombrado es la gran capacidad que tienen en esas edades (mis alumnos tienen entre 7 y 9 años la mayoría) para aprender cosas nuevas. A poco que presten un mínimo de atención son verdaderas esponjas. Así, en poco menos de tres meses he sido testigo de cómo estos niños, que apenas sabían nada o muy poco de ajedrez, han obtenido un buen número de notables progresos. El ajedrez empieza pronto a enseñarnos cosas interesantes.

El primero de estos progresos es que ya saben jugar al ajedrez según las normas establecidas por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Digamos de manera simple que a partir de aquí todo lo que viene es aprender a jugar mejor. En este sentido, el aprendizaje del ajedrez es infinito. Ni el mejor jugador de ajedrez del mundo lo sabe todo sobre este fascinante juego que lleva ya bastante tiempo en el punto de mira de la ciencia.

Por ejemplo, para la neurociencia el ajedrez es un interesante campo de estudio y experimentación en sus pesquisas sobre cómo funciona nuestro cerebro. El aprendizaje del ajedrez no tiene fin para los humanos, pero tampoco parece que haya llegado a ese fin la Inteligencia Artificial (IA) de las computadoras más modernas de nuestro tiempo.

A día de hoy todavía no existe ningún motor de ajedrez (programa informático que sabe jugar ajedrez) que juegue perfectamente al ajedrez. Todo ello porque el número de partidas posibles en el ajedrez es mucho mayor que el número de átomos que existen en el universo. Para que el lector se haga una idea, tras sólo cuatro movimientos completos en una partida de ajedrez existen 318.979,5 millones de posibilidades de continuar.

Pero aparte del movimiento de cada pieza y sus singularidades, los movimientos especiales del enroque y captura al paso, el jaque y el jaque mate, etc., los niños han aprendido una de las cosas más importantes del ajedrez: que no es aburrido como algunos piensan. Por complejo que pueda resultarles al principio, los niños descubren enseguida que casi nunca hay una partida igual a otra. Por ello, los niños no tardan mucho en poner en funcionamiento uno de nuestros mecanismos más ancestrales que tenemos para aprender: el “ensayo y error”. Partida tras partida exploran las múltiples opciones que tienen para realizar una jugada que les ponga en ventaja frente a su oponente.

Naturalmente se equivocan, como casi todos cuando empezamos aprender algo, pero ya sea de manera consciente o inconsciente, esos errores van registrándose en su memoria y son los responsables de que en las siguientes partidas investiguen otras posibilidades para ver si les va mejor. Y aquí es donde surge la magia del ajedrez.

Cuando un niño descubre el “arte de pensar” y de enfrentarse a la complejidad sin miedo, cuando el problema de encontrar la mejor jugada posible se lo toma un reto que le estimula, cuando vence a esa gran enemiga que es la pereza mental y le produce una gran satisfacción encontrar la solución sobre el tablero, y si no la ha encontrado y su jugada ha sido errónea, no se reprime fácilmente e intenta superarse en la siguiente jugada o partida, empieza a descubrir la magia del ajedrez.

Se puede decir, entonces, que cuando un niño adquiere este estimulante hábito de pensar sobre el tablero de ajedrez y disfrutar con ello, ese niño tendrá el ajedrez como un deporte para toda su vida. Para estos niños el ajedrez no será nunca aburrido, sino todo lo contrario, será una actividad divertida porque les motiva mucho pensar en el gran abanico de posibilidades que les da una partida de ajedrez.

Este año los chicos han dado sus primeros pasos y seguramente pronto comenzaran a sorprendernos con buenos resultados. Pero no quememos etapas. Si bien pudieron estar en sus primeros torneos fuera de Rojas (Ciudad de los niños en La Plata y Festival de Bellas Artes en Pergamino), no quiero que dejen de ver que están “jugando”. Eso es algo que les recuerdo siempre a los papas, que no esperen muchos puntos ni partidas ganadas en esta fase, ya que ese entrenamiento aun no empezó. Por eso no sería correcto festejar efusivamente cuando uno de los nenes gana su partida, ni mucho menos criticarle su derrota. Ya hablare de eso en otro artículo.

Les agradezco a ellos por la constancia que han mostrado al llevarlos a las clases y apoyarlos, especialmente porque muy pocas veces alguno de ellos ha faltado. Hasta el punto de que uno de ellos, no lo menciono pero ya saben quién es, fue con fiebre a una clase con tal de no perder el “presentismo”. Y otro, en todas las clases, sin excepción, me decía: “yo no falte nunca eh…”

Para mí es un orgullo tener esa responsabilidad, en tiempos en los que a un juego de mesa le cuesta mucho competir con la computadora, y ver esa clase de dedicación.

Muchas, muchas gracias además al club por el espacio físico que nos dan y el ánimo incondicional que nos transmiten para eventos futuros. Junto con mi hermano Andrés, hemos realizado ya el curso de árbitros regionales y ya está lograda la norma que nos posibilitara la organización de torneos a nivel provincial y nacional, así que estaremos trabajando próximamente con esa meta, junto con varios jugadores locales que contribuyen de importantes maneras.

Y por supuesto al municipio de Rojas por la importantísima ayuda en cuanto a gastos y materiales, a la gente de la secretaria de deportes, que están siempre pendientes de ayudar de alguna manera.

Espero este año seguir a la altura de sus expectativas.

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