Análisis

Los vínculos en la era de la inmediatez: ¿Por qué nos cuesta tanto encontrarnos?

Por Fernanda Lovotrico (*)

En los últimos años algo cambió en la forma en que nos vinculamos. Estamos más conectados que nunca, pero muchas veces nos sentimos más solos. La inmediatez parece haberse vuelto una exigencia: responder rápido, estar disponibles, no demorar. Sin embargo, los vínculos —como todo lo que implica al otro— necesitan tiempo, pausas y cierta espera. ¿Qué lugar queda hoy para ese tiempo?

Las pantallas nos acercan, pero también pueden generar distancia. Compartimos mensajes, imágenes, momentos, pero cada vez cuesta más sostener conversaciones que nos impliquen de verdad. A veces estamos con otros, pero con la atención fragmentada. Y en ese movimiento constante, algo del encuentro se diluye: se está, pero no del todo.

En la pareja, en la familia o en las amistades, aparece con frecuencia una sensación de desencuentro. No siempre hay conflictos abiertos, pero sí silencios, malentendidos o expectativas no dichas. Lo que no encuentra palabras no desaparece: insiste de otras formas. Puede aparecer como malestar, enojo, angustia, inhibición, o en escenas que se repiten una y otra vez sin que sepamos bien por qué.

También en los más jóvenes se ve con claridad este fenómeno. Crecen en un mundo donde todo parece inmediato, pero el deseo, el afecto y el encuentro con el otro no responden a esa lógica. Requieren tiempo, tolerar la falta, atravesar la incertidumbre. Cuando eso se vuelve difícil, aparece un malestar que muchas veces no logra nombrarse, pero se hace sentir.

Quizás no se trate de rechazar la tecnología ni de idealizar otras épocas, sino de preguntarnos qué lugar le damos al otro —y a nosotros mismos— en nuestra vida. Cuando algo se repite, cuando ciertos vínculos duelen o no logran sostenerse, no es solo “mala suerte” o algo del afuera. Un tratamiento psicoanalítico ofrece un espacio singular, de escucha y trabajo, donde no se trata solo de hablar, sino de poder interrogar eso que se repite, encontrarle un sentido propio y abrir la posibilidad de que algo sea diferente. A veces, ese recorrido comienza con una pregunta y la decisión de darse ese tiempo.


(*) Licenciada en Psicología/Psicoanalista (MN 80506)

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