12 de mayo

Día Internacional de la Enfermería

Pilares del sistema sanitario.
Pilares del sistema sanitario.

Este 12 de mayo la tarea de estos profesionales de la salud se valora más que nunca por la pandemia del COVID-19, cuya magnitud sin precedentes que nos atraviesa a todos como sociedad.

Visitamos el Hospital Unzué este martes por la mañana en el sector de la guardia de emergencias y en el espacio que atiende exclusivamente a quienes presenten síntomas respiratorios  para registrar las imágenes de estos tiempos, sin olvidar a quienes ya no están físicamente pero han dejado una enorme huella en todos los rincones de la institución.

Como cada año, saludamos a estas personas de enorme corazón y sabias manos que día a día enfrentan situaciones extremas que Dios dispone para todos los seres humanos.

Vaya entonces un cálido reconocimiento y respeto a todos los que ejercen esta profesión aquí en nuestra ciudad, tanto en el Hospital, la Clínica, los Gabinetes y quienes lo hacen en forma particular.

Un sentido recuerdo también para quienes ya no están físicamente, pero siguen acompañando  con su espíritu.

Mucha fuerza para los que no la están pasando bien por alguna dificultad en su salud.

Y como decimos en cada ocasión; un brindis en honor de todos, aunque duela el pinchazo. Cariños.

El Día Mundial se conmemora cada 12 de mayo, mientras que aquí en nuestro país, se estableció el 21 de noviembre por la fundación de la Federación de Asociaciones de Profesionales Católicas de Enfermería, que nombró como patrona a la Virgen de los Remedios, cuya festividad es en esta fecha.

Desgraciadamente ha tenido que ser una pandemia de una magnitud sin precedente la que más visibilidad ha dado a la labor que realizan estos profesionales de la salud.

Durante dos meses hemos salido cada tarde a los balcones a aplaudir a médicos y enfermeras, considerados héroes. Pero no son héroes: son personas de carne y hueso. Eso sí, formadas para atender profesionalmente a los que sufren, a los vulnerables y a los necesitados; para estar presentes en los momentos más duros de la vida de las personas.

En momentos trágicos: “Las enfermeras entienden de esperanza y valor, alegría y desesperación, dolor y sufrimiento, así como de vida y muerte. (…) Están presentes en algunos de los momentos más preciados de la vida al igual que en algunos de los más trágicos. (…) Sirven a la humanidad y, mediante sus acciones, protegen la salud y el bienestar de las personas, las comunidades y las naciones”.

Y como ya hemos publicado en ocasiones anteriores, con el permiso de Amalia Lateano, repetimos un conmovedor texto en memoria de la inolvidable Clotilde Teixido, que ha sido escrito con exquisita y delicada sensibilidad:

CLOTILDE (cuento real)

Empujando un carrito Clotilde arremetió la puerta apenas entrecerrada. Abrió las cortinas del amplio ventanal que tenía su vista al patio donde  los jacarandaes chispeaban sus celestes flores con el matinal  cielo despejado.

 

Y con voz de trueno dijo: - ¡Hola, hola! ¿Cómo amaneció mi consentido amigo preferido?

 

- Entre dos luces, es como me siento. Una es el sol, en el cielo, y la otra  camina a mi lado.

 

Era víspera de navidad y hasta los jazmineros estallaban con más perfume desde el jardín.

 

 _Y emitió una tos ronca... –

 

-¿Quién yo? jajaja, ¿y Ud. cómo  me ve? A ver… Deme el bracito… -

 

 Y con maestría puso el tensiómetro. Y le colocó sin decir más el termómetro en la boca.

 

Luego anotó en la planilla que colgó nuevamente a los pies de la cama.

 

--Bueno, ahora viene lo más lindo…Voy a bañarlo.

 

 Lo desnudaré, muchacho y no se oponga!!

 

- No. No me voy a negar… (Y volvió a toser). Soy todo tuyo…

 

Ella con cuidado le saca la inconfundible bata del hospital, que tiene el logo bordado, y en un fuentón rojo remoja la esponja en un líquido  jabonoso. Lo sienta con delicadeza y le restriega suavemente el pecho, el cuello, la espalda, los brazos,  y las manos.

 

Con una jarra  le lava la cabeza, despaciosamente.

 

Lo seca bien y lo vuelve a recostar  muy lánguidamente en la cama.

 

Bueno muchachito, te lavaré   las piernas… - le dice, y con segura delicadeza procede a la higiene.

 

- Bueno, cuando digo que lavo todo, lavo todo. A ver el pajarito

 

-Y si queréis, puede  hacerlo… Pero no tengas cuidado porque  no canta

 

 Jajaja, _ríe Clotilde… _¡Y si se despierta!  ¡Me puede sorprender como tantos otros! –y larga una sonora carcajada.

 

 -No. ¡No creo!, ya está completamente caído. Hace tanto tiempo   que no canta…-

 

Sin embargo, mejor que no hable… debe tener muchas historias… jajaja _rió la enfermera.

 

- Algunas...  pero son  historias muy viejas. Viejas  y muertas como yo mismo.

 

--No hables pavadas. Vos no estás muerto, muchachito...

 

- Estoy muy cansado. No quiero vivir….-

 

-Vamos, vamos, deje de pensar en cosas tristes. Ponga voluntad, mi amigo.

 

- No tengo ganas…me siento desganado…

 

La enfermera guardó todo y cuando se disponía a irse, el anciano le tomó la mano y la apretó muy fuerte.

 

Lo miró y vio que tenía los ojos cerrados. Y notó  paz en su rostro. Ni un suspiro ni un gesto. Ni un estertor. Nada.

 

Clotilde sonrió amorosamente. Se inclinó a besar su frente. Apagó las máquinas, le quitó las agujas del brazo delgado y flácido. Se enjugó una lágrima y con mucho brío empujó el carrito fuera de terapia intensiva.

 

En el pasillo miró el Pesebre que habían armado con sus colegas y se largó a llorar.

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